Estos últimos días he pasado en una pequeña especie de oscuridad anímica creo que por no tener un tiempo de calma en medio de tantas cosas y obligaciones y es que hasta relajarme parece una obligación.
Comencé a leer este libro hace unos meses pero había pausado su lectura por temas laborales, pero me he dado cuenta que cuando no leo mi vida es como un ir y venir en lo vacío y es que las cosas que escucho en la actualidad solo son temas relacionados al dinero y a la tragedia y muy poco sobre a otro tipo de temas, más alegres, más refrescantes.

Y con ello no quiero que decir que el diario de Ana sea ese libro feliz, también narra el horror de la guerra a través de la pluma ingeniosa de Ana. Para mi sorpresa me identifiqué muchísimo con Ana. ¿Quien pensaría que una niña de 15 años de hace más de 90 años, en otro mundo, en otro país y otra sociedad dejara escrito entre sus páginas palabras que me llegarán a mi en esta época y que me salvaran de semanas en donde me sentía triste y gris?
Poco a poco iré dejando las frases más inspiradores que encontré de Ana y que sin duda, me brindaron una luz, no me avergüenzo en aceptar que este libro me ha hecho sacar un par de lágrimas y pensar que esa enorme máquina de la muerte que aplastó los sueños e ilusiones de tan brillante escritora.
Gracias Ana, donde estés, gracias.
Lamento tu tragedia
No lo merecías
Nadie lo merece.
