Cuando la tragedia desconfigura

Cuando la tragedia desconfigura

Pareciera que ahora las lluvias de mayo tienen otra composición.

No tenía idea de lo que se venía: un capítulo macabro del destino,

la prueba definitiva.

Puse toda mi alma, compasión, corazón, coraje y valentía,

pero el globo se escapó, voló y se convirtió en relicario.

Hice promesas, pedí, supliqué, pero el destino, tal cual Edipo, estaba marcado.

No pude, no pudimos escapar del oráculo,

y sentí el más profundo y descarnado dolor.

El amor transforma, pero el dolor desconfigura.

Con rumbo perdido, tal cual diente de león a disposición de una ráfaga,

he andado.

He sentido, he amado, he reído, pero al fondo,

la sangre, la confusión y la desolación

siguen incólumes en el eco de mi memoria,

en el rincón donde he dejado el arcón

y tiré la llave.

Tengo un carcelero

sentado en la parte convexa.

Mi ojo no se encuentra con el ojo de la cerradura;

no me permite ver

el contenido rojo,

espeso, ido, tierno, sollozando.

La lluvia dejó olor a etanol en vez de petricor.

¿Se pueden desenredar los cables de Delhi?

La tragedia desfigura,

desprograma,

descontrola,

distorsiona,

descontinúa.

Y ahora el primero

es un beso

de traición

y de consuelo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

portada-eldiariodeanafrank Entrada anterior El diario de Ana Frank

SOBRE MI

¡Hola! Mi nombre es Gabby y me gusta mucho compartir cosas, momentos, música, etc. Este es un espacio personal como una pequeña guarida donde deseo compartir esos momentos que en redes sociales no me  siento en confianza de hacer más allá de las clásicas selfies. Gracias por visitar este espacio : )

CATEGORÍAS